Fortalecer la gobernanza local
Apoyamos a las comunidades para que gestionen sus propios territorios bajo sus propias leyes, su propia memoria, su propio criterio.

Comunidades conectadas con la naturaleza prosperan juntas.
Acompañamos a los pueblos negros, afrocolombianos, indígenas, campesinos, raizales y palenqueros del Amazonas en la defensa de su territorio, su autonomía y su forma de habitar el mundo.
La selva ya sabe cómo vivir. Lleva miles de años haciéndolo. Quienes la habitan también. Lo que hacemos es ponernos al servicio: escuchar, acompañar, fortalecer, ceder el lugar. Devolver la voz a quienes nunca dejaron de tenerla. Devolver la decisión a quienes siempre supieron decidir. Volver a Yé Baka es volver a entender que el bosque no es un recurso. Es un parentesco.
— Fundación Natucorú
Una arquitectura simple para un trabajo profundo. Cada pilar refuerza al siguiente.
Apoyamos a las comunidades para que gestionen sus propios territorios bajo sus propias leyes, su propia memoria, su propio criterio.
Una filosofía de bienestar arraigada en la armonía con la naturaleza, la cultura y el tiempo. No es un programa. Es una raíz.
Acompañamos a las comunidades para que sean económica y ecológicamente independientes — sin tutela, sin extractivismo disfrazado de ayuda.
Conservación liderada por las comunidades. Quien vive el territorio sabe defenderlo mejor que cualquier institución externa.
Trabajamos con seis pueblos cuyo conocimiento es la verdadera tecnología de conservación de la Amazonía.
Custodios ancestrales del bosque. Su cosmovisión sostiene la biodiversidad antes que cualquier política pública.
Linaje de resistencia y arraigo. Sabiduría territorial forjada en siglos de defensa de la vida.
Identidad cultural que entrelaza río, selva, música y autonomía colectiva.
Manos que conocen la tierra día a día. Agricultura familiar como tejido de soberanía alimentaria.
Pueblo del Caribe insular colombiano. Lengua propia, cultura propia, mar propio.
Descendientes de los primeros libres de América. Memoria viva de San Basilio de Palenque.
Operamos en seis departamentos del corazón biológico del continente: la Amazonía colombiana. Más de 300,000 km² de selva, ríos y comunidades.

El pueblo Nukak Baká, uno de los últimos grupos indígenas nómadas de Colombia, enfrentó un desplazamiento forzado de su resguardo tradicional como consecuencia directa del conflicto armado. Este desarraigo los llevó a instalarse en asentamientos periurbanos como Agua Bonita, en las afueras de San José del Guaviare. La deforestación acelerada de sus territorios ancestrales fragmentó los corredores de movilidad que durante generaciones sostuvieron sus ciclos de caza, pesca y recolección, poniendo en riesgo su seguridad alimentaria y la continuidad de su cultura.
Natucorú implementó una metodología participativa basada en la Investigación Acción Participativa (IAP) y la cartografía social. Trabajando de la mano con la comunidad, se construyó un mapa dinámico del asentamiento Agua Bonita que recoge la organización interna del territorio, sus componentes naturales y el modelo de ocupación propio del pueblo Nukak. Cada trazo del mapa fue decidido, discutido y validado por los propios miembros de la comunidad.
La cartografía social se convirtió en una herramienta viva de gobernanza territorial. Por primera vez, los Nukak contaron con una representación propia de su asentamiento. Este proceso fortaleció su capacidad para tomar decisiones colectivas sobre el territorio, dialogar con instituciones desde sus propios términos, y preservar el conocimiento geográfico y cultural que el desplazamiento había comenzado a erosionar. La comunidad pasó de ser objeto de intervención a ser sujeto activo de la gestión de su propio territorio.

Las comunidades indígenas del Guaviare enfrentan una de las brechas más críticas en materia de derechos fundamentales: el acceso a agua segura. Para la comunidad Jiw del Resguardo Barrancón, esto significaba depender de fuentes de agua sin ningún tipo de tratamiento, con consecuencias directas sobre su salud: enfermedades gastrointestinales e infecciones que afectaban de manera desproporcionada a los niños y adultos mayores.
Natucorú diseñó e implementó un sistema integral de captación y tratamiento de agua potable alimentado por energía solar — una solución autónoma, sostenible y adaptada a las condiciones del territorio. Complementariamente, se construyó un lavamanos en la escuela local y se instaló iluminación solar en el polideportivo comunitario, extendiendo el impacto más allá del agua potable.
La comunidad Jiw cuenta hoy con acceso permanente a agua potable gracias a una infraestructura propia, duradera y libre de dependencia de combustibles fósiles. La integración de tecnología solar con un enfoque culturalmente respetuoso permitió que el sistema fuera adoptado y apropiado por la comunidad. Se fortalecieron las prácticas de higiene, reduciendo significativamente los riesgos de enfermedades y mejorando la calidad de vida de una comunidad históricamente invisibilizada.
Para 2030, ser referente internacional en conservación ambiental, cambio climático y transición energética.
Liderazgo reconocido en investigación amazónica y trabajo comunitario. Defensa firme de la autonomía, el bienestar y la protección territorial de los pueblos tradicionales e indígenas de Colombia.
Tres ventanas de impacto verificable para fondos ESG, cooperación internacional y filantropía estratégica.
Proyectos en una de las regiones más biodiversas del planeta, con métricas territoriales claras y trazabilidad comunitaria.
Trabajo directo con seis pueblos: indígenas, negros, afrocolombianos, campesinos, raizales y palenqueros. Alineación nativa con ODS 1, 5, 10, 13, 15, 16.
La Amazonía es la frontera del clima global. Aliarse con quien trabaja desde adentro, con permiso y con saber, no es filantropía: es estrategia.
La Amazonía no necesita más promesas. Necesita aliados con permanencia.
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